jueves, 20 de noviembre de 2014

Sevilla

Fue una mañana de otoño, de esas que la luz, dora los campos y las tardes se acortan, de esas que aún sin querer, como una dama lozana, peina  sus senderos, como cabellos el viento, con un aire fresco que calienta un timido sol que amanece discretamente para subir a lo alto y brillar dándole a la vida un color especial, de esos que sin darte cuenta y discretamente te han dejado enamorado, te han  dejado pillado, prendido de su magia, del brillo de sus ojos, como torrente de agua viva en el río de la vida.

Hablar de ti sin conocerte, quererte sin vivirte, amarte sin pasearte.
 Y sin pensarte, quedamos en primavera, donde al contrario del otoño, alargaban los días, donde tu perfume se hacía más intenso, donde me fuiste descubriendo bellos rincones

 y despacito ,muy despacito, pero  deprisa por apurar el día, me embriagaste de tu luz, de tu aroma, me emborrachaste de tu vida. Nos bebimos las calles y doblamos esquinas, me enseñaste tu arte, me enseñaste tu ser, te fui conociendo poquito a poco, aunque hoy pueda decir, que nunca te conoceré del todo, para no perder la pasión, para ilusionarme por verte de nuevo.
Azahar e incienso, juncia y romero, alfombrando tus calles, protocolo divino, Salvador eterno, , para pisar el cielo, para buscarte en la plaza, donde cantan los vencejos, para encontrarme con Dios, no necesito ir al cielo,
 he salido pronto, de mañana temprano, para verte primero, coger fuerzas y caminar despierto, después busqué a la madre como Rocio de la mañana, como Aurora de un nuevo despertar efímero, Esperanza del mundo entero, y seguí caminando y seguí descubriendo, que el día no acaba y la noche se enciende en el cristal reflejada, que desde arriba de un puente, me siento que vuelo, que el río que pasa, es de terciopelo, como la noche estrellada, acurrucada en mi pecho.
Y así, primavera a primavera, otoño a otoño, fuiste calando hondo y encendiendo una chispa que cada día se convierte en llama, a pesar de la distancia, sabes que te quiero.

 Por que sé que me esperas, aunque pasen los días, por que sé, que yo los cuento para verte de nuevo, porque  tu fe mueve montañas, porque tu altura, corona los cielos, porque tu gracia se llama Triana y Sevilla me llevó a los cielos.

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